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La navidad en medio de coparenting

¿Cómo se describe ese sentimiento cuando tienes que compartir a tu hijo o hija en los días festivos? Cuando eso comenzó para mí, el simple hecho de pensarlo me creaba un nudo en la garganta. No tener a mi hijo en esos días especiales era inconcebible, al punto de cuestionarme si mi separación había sido la decisión correcta.

Llevo seis años compartiendo los días festivos, y aunque todavía me causa algo de tristeza, he aprendido a aceptar que los demás días del año también son una oportunidad para compartir y crear memorias. Aunque la rutina diaria se complica con el trabajo, la escuela y las responsabilidades, siempre hay días libres y fines de semana para aprovechar. Crear recuerdos no está limitado a un día señalado en el calendario ni a momentos en que nos vestimos bonitos. Se trata de tiempo de calidad, de estar presentes y hacer que el día, aunque breve, se sienta eterno.

Durante los últimos dos años he tenido la fortuna de trabajar de forma remota, lo que me permitió estar más presente en casa y disfrutar tiempo adicional con mis hijos. Sin embargo, recientemente tomé la difícil decisión de aceptar un segundo trabajo presencial. Lo hago con el corazón pesado, porque sé que el tiempo con mis hijos se verá afectado, pero en este momento no tengo otra opción.

No crean que todo esto lo entendí de un día para otro. Me tomó mucho tiempo y aprendizaje. Tan reciente como hace dos años, decidí no celebrar el Año Nuevo porque mi hijo no estaba en casa. Ese año estaba embarazada de mi segunda hija, y los sentimientos me abrumaron. Me quedé en la cama llorando, incapaz de levantarme o de prepararme para la ocasión. Mi esposo intentó convencerme de salir, pero los pensamientos me ganaron. Ahora, mirando atrás, me arrepiento de no haber pensado en él, en nosotros como familia. Me dejé consumir por mi tristeza, olvidando que el padre de mi hijo tiene tanto derecho como yo de compartir esos días festivos. Seguramente, él también extraña a su hijo en esos momentos.

Hoy reconozco que tengo la suerte de contar con un buen acuerdo de custodia compartida y una comunicación abierta y razonable con el padre de mi hijo. Eso ha sido clave para encontrar balance y paz en estas situaciones.

En unas semanas comenzaré este nuevo capítulo en mi vida, y ya he revisado el calendario de 2025 para identificar los días festivos y planear cómo sacarles el máximo provecho. Sé que con el trabajo y la escuela, el tiempo parece escaparse, pero también sé que no debo esperar a las festividades para crear memorias valiosas con mis hijos. Cada día tiene su oportunidad, si la sabemos aprovechar.

La clave está en vivir el momento, en valorar los días “ordinarios” y convertirlos en extraordinarios. Porque al final, lo que queda no son las fechas especiales marcadas en el calendario, sino los momentos compartidos que construyen nuestras historias.